México

1.500 raciones de comida diarias para deportados en el desayunador de Tijuana

El pa­dre Er­nes­to Her­nán­dez, en­car­ga­do del De­sa­yu­na­dor Sa­le­sia­no Pa­dre Cha­va, ubi­ca­do en la ca­lle Pri­me­ra, a un la­do del Río Ti­jua­na, explica la gran la­bor que rea­li­zan él y el gru­po de vo­lun­ta­rios que a dia­rio da de comer a en­tre 1.200 y 1.500 per­so­nas de­por­ta­das en la frontera mexicana con Estados Unidos, a algunas de las cuales les ofrece también acogida.

Desde hace quin­ce años el fe­nó­me­no mi­gra­to­rio entre México y Estados Unidos ha cam­bia­do. An­tes la mi­gra­ción era hacia el norte y los ciudadanos pre­ten­dían es­tar sólo unas ho­ras en Ti­jua­na y después seguían su camino. Aho­ra, sin embargo, la si­tua­ción es di­fe­ren­te, los expulsan de Es­ta­dos Uni­dos, pe­se a te­ner años de residencia y se que­dan en la fron­te­ra por­que su fa­mi­lia sigue en el país norteamericano.

"Cuan­do se es de­por­ta­do ya no se quie­re ir hacia el sur (a sus ranchos de origen), ya no se tie­ne a na­die, se quie­re vol­ver con su fa­mi­lia, ya no es una mi­gra­ción con un in­te­rés eco­nó­mi­co, si­no mo­ral, afec­ti­vo, vol­ver con los su­yos y eso ha­ce que quie­ran per­ma­ne­cer más en es­ta fron­te­ra, con la idea de sen­tir­se cer­ca­nos"

Padre Ernesto Hernández, salesiano y director del Desayunador de Tijuana.

En­tre el mo­vi­mien­to de las de­ce­nas de per­so­nas que en­tran al De­sa­yu­na­dor, el sa­cer­do­te con­si­de­ra que un fac­tor que ha in­flui­do pa­ra que la mi­gra­ción se agu­di­ce en las fron­te­ras es la de­sin­for­ma­ción so­bre la Re­for­ma Mi­gra­to­ria.

"No hay una in­for­ma­ción cla­ra y mu­chas per­so­nas que es­tu­vie­ron en Es­ta­dos Uni­dos y no han po­di­do arre­glar­se en las fron­te­ras con­fían que se dé esa an­sia­da re­for­ma y pien­sa que a tra­vés de ella pue­dan en­trar le­gal­men­te a Es­ta­dos Uni­dos, ya que la ma­yo­ría tie­ne hi­jos, mu­cho tiem­po tra­ba­jan­do allí..., no hay de­fi­ni­ción, eso ha si­do cons­truir cas­ti­llos en el ai­re", asegura el padre Hernández.

Mu­chos de los de­por­ta­dos de los úl­ti­mos dos años es gen­te que, como pro­me­dio, lle­va­ba más de 10 años en Es­ta­dos Uni­dos y de ahí pa­ra arri­ba, "es gen­te que tie­ne es­po­sa, hi­jos y te­nía una ca­sa.

Su idea es vol­ver: aque­llos que sa­ben que tu­vie­ron un pro­ble­ma le­gal no pue­den vol­ver porque co­rren el ries­go de es­tar en pri­sión y pre­fie­ren que­dar­se en la fron­te­ra con la idea de sen­tir­se cer­ca de Es­ta­dos Uni­dos, cer­ca de su fa­mi­lia; vol­ver ha­cia el sur no lo ven co­mo una po­si­bi­li­dad. Ya no tie­nen a na­die en Mé­xi­co.

Los voluntarios preparan las mesas para que los emigrantes puedan desayunar
Los voluntarios preparan las mesas para que los emigrantes puedan desayunar.

"Aho­ra, los mi­gran­tes -añade el sa­cer­do­te-, se en­fren­tan a un via­cru­cis pa­ra po­der ob­te­ner do­cu­men­tos en Mé­xi­co", si­tua­ción que se agra­va cuan­do mu­chos de ellos son víc­ti­mas de la co­rrup­ción y de la de­lin­cuen­cia, de ma­los agen­tes de po­li­cía, que sa­ben que son de­por­ta­dos y los abor­dan pa­ra ro­bar­les su ce­lu­lar.

El re­li­gio­so ase­gu­ra que "una de las prin­ci­pa­les cau­sas de las de­por­ta­cio­nes es an­dar sin do­cu­men­tos, otra no tener el permiso de con­du­cir o hacerlo al­co­ho­li­za­dos y, por último, la vio­len­cia do­més­ti­ca".

Tam­bién, son pre­sa fá­cil de gru­pos de­lic­ti­vos que los ron­dan pa­ra chan­ta­jear­los, ro­bar­les y se­cues­trar­les pa­ra sor­pren­der a sus fa­mi­lia­res.

Deseo ayudar a los Salesianos en su trabajo con los refugiados, desplazados y deportados