Brasil

Inicio de los actos por el centenario de la presencia salesiana en el Amazonas

Animados por el espíritu de gratitud a Dios por los logros de los últimos años, el 16 de agosto, coincidiendo con la conmemoración del nacimiento del fundador de la Familia Salesiana, San Juan Bosco, los salesianos de Manaus abrieron las celebraciones por el centenario de la presencia salesiana en la Amazonia brasileña (1915 -2015).

El acto principal de las celebraciones, que se cerrará en 2015, fue la solemne Eucaristía presidida por el Consejero para América Cono Sur, don Natale Vitali, que en estos días se encuentra en Visita Extraordinaria a la Inspectoría de Manaus.

La primera obra que los Salesianos erigieron en la región, en 1914, fue la misión de São Gabriel da Cachoeira; sucesivamente los Hijos de Don Bosco se esparcieron por toda la región con escuelas, oratorios, centros juveniles, obras para los niños en riesgo, centros profesionales, parroquias y últimamente también con la facultad de la universidad Salesiana.

La evangelización, la educación y la promoción humana son los frentes apostólicos de los Salesianos de ayer y de hoy. La riqueza del carisma salesiano ha tomado el rostro brasileño amazónico.

Don Luigi Laudato, misionero italiano en el Estado del Amazonas, relata algunos aspectos de la tierra y los pueblos a los que ha dedicado 40 años de su vida. Ha aprendido a conocer y a amar los muchos recursos de aquella tierra, a la que defiende de los que quieren explotarla con codicia. Destaca el trabajo con los Yanomami, que ha dado muchos frutos: “Cuando empezamos, en la misión eran 500, cuando nos fuimos, después de 12 años, eran 1.000, y ahora son casi 2.000. Esto muestra otra verdad: donde trabajan los misioneros, no solo católicos, los indígenas aumentan; donde trabajan los funcionarios del gobierno los indígenas asumen las enfermedades y los vicios de los Occidentales.”

El misionero continúa: "A lo largo de los años, nuestro principal compromiso era defender la originalidad cultural de los Yanomami: no había necesidad de enseñarles cómo vivir, solo tratamos de preparar a los jóvenes a comprender nuestro mundo y les dimos las herramientas para saber cómo elegir, a través de la educación". Se siente en deuda con los Yanomami: "Aprendí mucho de ellos, he aprendido a ser un mejor sacerdote en medio de ellos. Ellos también han crecido, se han vuelto menos ingenuos, más conscientes de sus derechos y de su mundo. Para el futuro, el reto más importante es escucharlos en lugar de ponerlos en orden, y en lugar de exportar el Evangelio, debe estar el descubrirlo en su particular realidad, llena de riqueza y a la vez también de matices".

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