DE NIÑA A MADRE

UN TRABAJO QUE VALE POR DOS

13.000.000 de niñas se quedan embarazadas cada año

El 95% de los embarazos se da en países en vías de desarrollo

39.000 niñas contraen matrimonio cada día

70.000 adolescentes mueren cada año por complicaciones durante el embarazo y en el parto

Cuidemos

de ellas

Melissa Melissa
Es una joven de 16 años, que entró en el Centro Querebebé, de República Dominicana, cuando tenía 13. “Mi vida ha vuelto a tener sentido. Aquí me han enseñado que tengo que seguir luchando por mi hijo y por mis sueños. Me han ayudado a mejorar como persona, me ayudan en la crianza y a continuar mi formación. Pero lo más importante es que he encontrado una familia”.

En Sierra Leona los misioneros llevan a cabo un proyecto de atención a las adolescentes embarazadas. Además de la educación formal, las chicas adquieren conocimientos sobre la maternidad, reciben asesoramiento médico y también los medicamentos y la preparación al parto que precisen con el fin de preservar la vida y lograr la comprensión y el cariño familiar que necesitan.

Educación
La educación es la clave
Una niña que va a la escuela entrará en un círculo virtuoso que romperá con la pobreza. Esa niña se casará más tarde, será una madre responsable y querrá que sus hijos vayan a la escuela, conocerá medidas de higiene y salud, cuidará mejor de su familia, tendrá un mejor empleo, conocerá sus derechos y querrá ejercerlos, hará oír su voz y trabajará para mejorar su entorno.

Los misioneros salesianos no sólo les proporcionan un lugar seguro en el que estar, también ofrecen acceso a servicios médicos, les ayudan en el parto y con la crianza de los pequeños. También les dan educación y formación profesional para que puedan enfrentarse al futuro.

Porque madre no hay más que una pero los frutos del trabajo a su lado se multiplican, como mínimo, por dos.

La maternidad precoz es un desafío al que nos enfrentamos todos los días

 

Melissa
Francine
Tenía 14 años cuando llegó a Goma, República Democrática del Congo. Había caminado más de 20 kilómetros con su bebé de seis meses a la espalda. Fue violada por un militar y su familia la abandonó por vergüenza y falta de medios. La Casa Mamá Margarita le abrió sus puertas. Ambos llegaron con frío y perdidos. El bebé no tenía fuerza ni para comer y Francine no podía hablar de todo lo que había sufrido. Poco a poco, con mucho cariño y dedicación, volvió a sonreír. Jugaba, hablaba y cantaba junto a su pequeño. Gracias a Mamá Margarita, hoy ha vuelto a casa.

 

 

COLABORA CON EL TRABAJO DE LOS MISIONEROS EN FAVOR DE LAS MADRES ADOLESCENTES Y SUS HIJOS

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