Miguel Ángel Ruiz,
Misionero en Pakistán

"La gente había sobrevivido aquellas semanas con patatas y tomates, lo único que habían podido sacar"

El misionero Miguel Ángel Ruiz fue el primer extranjero en llegar a las montañas pakistaníes después del seísmo de 7.5 grados que se produjo en octubre de 2005. El temblor afectó al norte de la India, Pakistán y Afganistán, con una fuerza destructiva que nunca se había padecido en la zona. El padre Ruiz nos cuenta cómo han vivido durante estos meses.

miguel Ángel Ruiz en el campo de acogida de Manu Jabra

¿Cómo fueron los primeros momentos tras el terremoto?

         Lo que a mí me impresionó fue la reacción de la gente, con la mente en blanco, sin saber qué hacer, sin saber dónde moverse ni qué les iba a suceder al día siguiente. . Tenían miedo de meterse bajo un techo, no querían que se les hiciesen casas, porque durante tres o cuatro meses tuvimos una media de dieciocho terremotos al día. Jamás había sucedido nada parecido en el norte del país. Las cifras oficiales hablan de cien mil muertos, pero yo creo que se ha podido doblar este número. Solamente en la ciudad de Balakot se hablaba del 15 al 20% de supervivientes, en una ciudad de unas 120.000 personas.

Yo subí a la zona afectada el 2 de noviembre, vi la situación, tuve acceso a caballo a algunas partes, bajé y dije a los chavales: “hay que subir, hay que moverse” y entonces empezamos las compras. Subimos con un camión de 30 toneladas y después entramos en un convoy en la ciudad de Balakot y llevábamos dos jeeps, el autobús de los chavales, tres o cuatro camiones de ayuda y otro camión con 45 tiendas de campaña de emergencia con capacidad para albergar a unas 10-12 personas.

¿Cómo fue vuestra llegada?

         En Balakot todo era tan caótico, tan terrible, tan trágico, tan triste, que los chavales se fueron bajando uno a uno del autobús, se pusieron todos en un grupo y se quedaban mirando a una ciudad totalmente destruida. Yo les vi totalmente conmocionados, incluso con lágrimas en los ojos. Queríamos ver la situación para ver qué se podía hacer y cuando llegamos tuvimos que usar la máscara por el olor de los muertos, había miles de personas enterradas bajo los escombros, ¡no había quedado nada!. Ahí fue cuando determinamos que teníamos que hacer algo y la siguiente semana estudiamos la posibilidad de subir a las montañas, porque en aquel momento el acceso estaba cerrado. Lo único que sabíamos era que la gente había sobrevivido aquellas dos o tres semanas, con patatas y tomates, que era lo que habían podido sacar. No tenían agua, lo único que les llegaba era lo que arrojaban los helicópteros.

 

Los alimentos se suben hasta las montañas, a 2.500 m.Y lograsteis subir a las montañas...

          Sí. La primera gran expedición que organizamos fueron de 30 a 40 toneladas de comida con unas 120 cajas de agua con 12 botellas cada caja... Un montón de agua, un montón de comida, un montón de ropas... Comprábamos las cazadoras por 500 unidades: 500 cazadoras, 500 pares de pantalones y 1000 termales para debajo de los pantalones

¿En qué zona habéis estado trabajando?

         Las tres primeras estuvimos en Abbotabad, que era la ciudad de médicos. Era prácticamente el primer centro donde llegaban todos los heridos del terremoto. Pero nosotros queríamos hacer algo en la zona más afectada, así que desde Lahore viajamos a Islamabad en autobús y desde Islamabad nos hemos subido por el North West Frontier Province (NWFP) y hemos estado a la parte izquierda de un valle, la zona interior de las montañas, donde se recoge la gente para pasar el invierno. Es la zona más salvaje.

¿Cómo respondieron los chicos ?

         Se lanzaron a la aventura sin pensar, solamente había la idea de ayuda, ir, cooperar, colaborar. Los chavales nuestros son ya hombres jóvenes. Al principio nos llevábamos a los más mayores, necesitábamos gente fuerte físicamente para descargar camiones, cargar tiendas, montar una administración de campamento... Luego, cuando ya estaba todo organizado, hemos dado la oportunidad a los demás chicos.

¿Pudisteis llegar sin ningún problema ?Proceso de construcción de las nuevas viviendas

          Sí. El Gobierno ha estado apoyando realmente. El ejército se desgastó en esos días, lo único es que quizá hubo un respuesta bastante lenta por parte del Gobierno para admitir la entrada de las Naciones Unidas. Solamente cuando se calibró la magnitud del desastre fue cuando dejaron a Naciones Unidas entrar y organizar los campos de refugiados. Nosotros estábamos trabajando arriba, en la montaña, mano a mano con el ejército, a veces nos pedían cazadoras o ropas para los soldados. A las 5 de la mañana los grupos de soldados salían con picos y palas para seguir desescombrando y también tenían helicópteros para seguir trayendo heridos, así que han hecho un trabajo encomiable.

¿Cómo te ha cambiado esta experiencia ?

         Lo que marca realmente es que es una oportunidad muy buena para testimoniar la fe. La gente se ha quedado asombrada, hasta los musulmanes cogían las manos de nuestros chavales, se las besaban y les decían: “vosotros sois los que nos estáis ayudando”, porque había mucha gente que venía con cuatro cajas que daban a la gente, se hacían la foto y después se iban, pero nosotros estábamos allí viviendo.

         Don Pietro Zago se trajo a su sobrina desde Italia, que es enfermera profesional. Trabajaba 19 horas al día, seguidas, sin interrupción, sin comidas, sin nada y su trabajo causó una impresión increíble en la gente. Lo mismo con los chavales, la gente preguntaba: “pero vosotros, ¿sois musulmanes?”, “no, somos cristianos”, contestaban. No hemos hecho ninguna distinción entre católicos y musulmanes, hemos ayudado a gente en necesidad y eso nos ha llenado de satisfacción.

algunas casas ya están preparadas para su uso         Al final del trabajo alguien nos llamó y nos dijo: “habéis hecho tanto, habéis subido tanto, habéis trabajado tanto, que sería imposible pagar a los chavales el trabajo que han hecho”. Lo que hicieron algunos bienhechores fue preguntar si podían dar algo para los chicos. Les dije que llevaba más de un año buscando dinero para comprar unos futbolines y unas mesas de ping-pong, entonces nos donaron un dinero y pudimos comprar tres mesas de futbolín y tres de ping-pong. Los chavales son conscientes de que eso ha sido una donación específica de cierta gente que quería agradecer su trabajo en la montaña.

         Ha sido una experiencia que te cambia porque realmente, si hay un terremoto como el que ha habido allí, ni tú ni yo vamos a ver el nuevo día. Al fin y al cabo no sabemos cuánto tenemos en esta vida, pero lo que tenemos hay que aprovecharlo y ayudar es una manera. Hay otra gente que se dedica a destruir, luego tiene que haber gente que se dedique a construir, yo prefiero estar en esa parte del valle.

 

María Jesús Rodríguez

    Prosigue la Ayuda en Pakistán

Prosiguen los trabajos de reconstrucción en las zona afectadas por el terremoto de Pakistán. El misionero don Pedro Zago regresa cada tres semanas, junto con algunos voluntarios, para abastecer de todo lo necesario a las familias acogidas en las montañas. En el campo de Manu Jabra se ha preparado una escuela para un centenar de muchachos de la zona. Con la colaboración de los maestros locales, se ha preparado un programa escolar adaptado a la situación. Por otra parte, continúa la construcción de viviendas para las familias. En marzo ha comenzado una tercera fase de obras, con el objetivo de construir tres escuelas y otras setenta casas para los afectados por el terremoto.


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